Felices los que trabajan por la paz
 

  Sigue Jesús en las bienaventuranzas:  “Felices los que trabajan por la paz…” felices los pacíficos diría yo… Tú tienes que trabajar la paz, tienes que reconstruir la paz, tienes que trabajar tu paz, tu impaciencia, todo un trabajo…

Busca la paz dentro de ti y sobretodo empieza a vivir en paz…

Hay personas que están en guerra todo el día.  Escuchamos en la televisión que hay guerras en un país u en otro, de personas, hoy en día se habla mucho de violencia familiar dentro de la casa, mucha guerra, violencia, dolor, sufrimiento, muerte, desesperanza, tensión…

Eso mismo que hay en el mundo y en tu casa, muchas veces está en tu interior, te peleas continuamente contigo, te comparas con los demás y si yo hubiera… te desprecias, te marginas, te juzgas, te condenas, te castigas a ti mismo.

Hermanito / hermanita deja de guerrear, de pelear, empieza a hacer las paces contigo, date un tiempo de paz.  Fíjate como entre las naciones los pueblos realizan un pacto de paz todo el tiempo, para no enfrentarse, para no atacar, para no juzgar, para dejar las armas, deja de pelearte contigo, haz un pacto de paz con tu persona. 

Te hago una propuesta:  desde este día haz un pacto de paz con tu persona por un año, deja de enfrentarte contigo, de decirte que no, soy tonto, imbécil, idiota, deja de juzgarte, deja que Dios te juzgue… Dice la Palabra que Dios envió a Cristo para juzgarnos, deja que Cristo te juzgue, tú no te juzgues, haz las paces contigo.  Haz la paz contigo por un año, piénsalo y decídete, deja las armas…  Dice la Palabra que convirtieron sus armas en arados, deja la lucha…

Felices los que trabajan por la paz, empieza a trabajar tu paz en tu corazón, comienza a vivir como un hijo de Dios no como un hijo de la violencia y la guerra… 

Continúa Jesús con las bienaventuranzas: “Felices los que son perseguidos... Felices los que viven con fe, en mitad del dolor y del sufrimiento…” 

Los sufrimientos y dolores son grandes oportunidades que Dios nos da, son piedras que se nos ponen en el camino y que nos ayudan a levantarnos y a tocar el cielo.  Siempre las dificultades en el camino, velas como un desafío, una oportunidad para crecer.  Aprovecha todas las dificultades que se te presenten en el camino, son oportunidades que Dios me está regalando para desplegar mis cualidades, mis capacidades, para purificarme... 

Las persecuciones son oportunidades para acercarme, para conocerme a mi mismo, para conocer a mi enemigo y conocer también a Dios.

Los que aman a Dios, todas las cosas le sirven para su bien.  A veces veo la enfermedad en una familia, es un momento para unirnos, acompañarnos, para compartir, para abrir el corazón, para acercarnos, escucharnos, perdonarnos, para empezar a ser sensibles, compasivos, transparentes, pacíficos.

Las dificultades son una bendición.  Fíjate que a veces en momentos difíciles como la muerte, la enfermedad en las casas,  es el momento quizás para empezar a vivir estas bienaventuranzas de Jesús.  Estas familias que frente a los conflictos se han hecho más pacientes en el dolor, han empezado a ser más justos, más reflexivos, más transparentes, más pacíficos, más sencillos, más creyentes.  Aprovecha el momento de dificultad para acercarte a los tuyos, a aquel que sabe del dolor y del sufrimiento, aquel que cargó con la cruz, que murió en la cruz, que sabe de cruz que es Jesucristo.  Un momento de cruz es una gran oportunidad y Dios lo permite para crecer en la fe, en la esperanza y en el amor.
 

    Por eso aprovecha los momentos difíciles.  Algunas veces cuando estando en la montaña viene una tormenta de piedra y viento sirve refugiarnos por un tiempo, hasta que pase y llegue la calma, pero no voy a quedarme en el refugio toda mi vida… 
Momentos difíciles son para refugiarnos, acercarnos más a ti Señor, son oportunidades que Tú nos regalas.

Decía Jesús en el Evangelio de Dios: “Conviértete porque Dios está cerca, vuélvete hacia Él…”

¿Qué tengo que cambiar?  Mi vida, mejor dicho Dios quiere cambiar mi vida, yo no puedo.

El Antiguo Testamento de Ezequiel / Isaías / Jeremías, Capítulo 36, Versículo 24, dice lo que Dios quiere hacer con nosotros pues muchas veces estamos divididos, sucios , atados a ídolos, esclavitudes, con un corazón duro, de piedra, y nos dejamos llevar por el espíritu del miedo, del temor, del rencor, de la falsedad, del engaño, de la incredulidad.  Nos dice el Señor a través del Profeta:  “Yo los reuniré, los rociare con agua pura para que queden purificados, los purificaré de todas sus impurezas, de todos sus inmundos ídolos y de todas sus esclavitudes”.

Mira, el Señor quiere intervenir en tu vida, Él que te ha creado, te quiere recrear, hacer de ti una persona nueva, te quiere lavar… y continúa el texto diciendo:  “Les daré un nuevo corazón, quitaré de su carne ese corazón de piedra y les daré uno de carne”. 

Como se nota cuando una persona tiene un corazón de piedra porque está paralizada, no ve lo que pasa a su alrededor, está como ciega, no escucha a los que están a su lado. Son individuos mudos que no hablan lo que les pasa, no tocan ni se dejan tocar, no abrazan ni se dejan abrazar…

“Pondré dentro de ustedes mi espíritu nuevo y haré que caminen según mis mandamientos” el Señor quiere poner su espíritu en nosotros, el espíritu de Jesús, el Espíritu Santo, el Espíritu de la Bienaventuranza…

 
 

¿Qué es el espíritu nuevo? 

Sencillez de corazón, perdón, misericordia, sensibilidad, paz, paciencia, alegría, fortaleza…
El Señor quiere intervenir tu Espíritu, su Espíritu. 

Él quiere venir en ayuda del nuestro y Él nos quiere ayudar a caminar como hijos de Dios, ya no como hijos de la mentira, del rencor, de la pereza, de la falsedad sino como hijo de Dios.

En verdad que solamente Dios lo puede hacer, nosotros no podemos hacer nada.  Tenemos que ser como esa tierra abierta para que el agua del Espíritu entre en nuestro corazón. 

Me acuerdo cuando vivía en Sucre (Bolivia) y fuimos a la sierra, bien arriba.  Estaba en el auto y veíamos que al llover los campesinos salían al campo.  Nos llamaba la atención porque no se escondían de la lluvia, ellos movían la tierra, la preparaban para que el agua, esa lluvia de bendición se quedara y entrara en la tierra.  Esa lluvia se quedara, llenara empapara la tierra y la hiciera fértil.

Estamos en un momento de gracia, de bendición, Dios quiere derramar una lluvia de bendiciones en tu vida y entrar en lo profundo de tu corazón.  Tú, igual que el campesino, deja que Dios vaya entrando en tu corazón, en tu mente, en tu memoria, en tus recuerdos, en tu relación con tu esposa / esposa, tus hijos, padres, que Él vaya limpiando, sanando fortaleciendo… Pídele al Señor un Espíritu nuevo, un corazón nuevo, una manera nueva de vivir la vida...

 

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